37


 

Pasajero intranquilo.

 

Rabioso Perro Muerto enfermo de vida.

 

Espectro, habitante de este mundo repleto de mierda, en el que nado y la veo flotando siempre por donde paso, la cuestión es ahogarme con ella o seguir avanzando en este mar de mediocridad e incongruencias.

 

Ladrando por los caminos, huyendo de la flauta del afilador que siempre me persigue y acecha para decapitar mis ganas de seguir siendo.

 

Soy un frio viento de febrero perdido en el cambio climático.

 

Después de verificar el estado de resultados y analizarlo pude concluir con gusto que la gente que me ama está pesando más que la que me destruye, pero en el rubro de autodestrucción ya estoy con unos números rojos bastante saludables…

 

Irremediablemente se está volviendo cotidiana la sonrisa en la mañana, la emoción al emprender cualquier camino, las discusiones para resolver y no para complicar, y las ideas de hace unos años poco a poco se van implementando y afinando sin un gramo de respeto por el “no puedo”…

 

No nací para este día, decían decenas de detractores que me llamaban familia, tu serás un fracasado, drogadicto, perdedor y mala influencia…Me gusta saber que les hice perder las apuestas, sin embargo para mí no son ni fueron nunca retos ni causas, simplemente fueron obstáculos que solvente y elimine de mi camino.

 

El Cristo 3D que sembraron en mi cabeza para fundamentar mis esperanzas en él y no en mí se desangro a lo pendejo, no me es útil ni para adornar mi casa.

 

La culpa es de Nadie. Solo mía.

 

La inútil perfección me sirve para limpiarme el culo.

 

Piedra que vuela.

 

Me construí una armadura con la que la red que tejen las arañas blancas del amor cursi, sufrido, clichepediesco y anoréxico no me afecte…

 

Los vidrios rotos de las flores artificiales ya no dañan mis pies descalzos, el aroma inducido de la felicidad no engaña más mi ansia de esta, la viga roja de la eternidad no ciega más mi perspectiva ocasionando que desperdicie esta única vida que tengo.

 

Volar fue negro muchos años, y entendí que era porque volaba con los ojos cerrados, cuando me hicieron creer que los tenia abiertos choque un día con lo efímero y el sin sentido.

 

Caí y tuve que tomar la decisión de seguir volando tal como me habían enseñado, o aprendía a volar distinto.

 

Tuve miedo y tengo miedo, pero eso no implica que clausure mi vuelo.

 

Trato de descifrar mi locura y aprendo lentamente a usarla en mi beneficio, sin que ello implique quedarme vulnerable ante los monstruos mórbidos de lo políticamente correcto que me acechan y esperan darme mi merecido según su corrupto diccionario de justicia.

 

Las jeringas con las que me inyectaba altas dosis de pretextos siguen alertas, esperando clavar sus oxidadas agujas en las venas de mis debilidades, infectando así una vez más mis libertades.

 

37 oportunidades para evadir la filosa guillotina de la incongruencia, mi cabeza ha rodado ya varias veces, y en cada una de ellas he intentado 365 veces de contrarrestar su contundencia, sigo aprendiendo.

 

Mi obsesión por el control sigue latente, solo que ahora entiendo y trato de disfrutar todo eso que sucede y no puede ser como a mí me gustaría, el día nublado o muy soleado solo son escenarios donde yo hago lo que me toca, sin andar evadiendo o traspasando responsabilidades.

 

Ser lo que necesito ser, y no lo que tengo que ser.

 

La flor del frio sigue siendo.

 

Hurgar en el dolor ha dejado ya de ser un deporte y una costumbre.

 

Tengo buenas ideas muy frágiles y susceptibles de una mala implementación, ansiosas de razonamiento, de una administración decente y de un descomunal esfuerzo por ser poco pendejo, ya no vuelo cerca del sol con mis alas de cera, no estoy exento y un día me veras caer por imponer la curiosidad ante la pasividad sin sobresaltos.

 

Someterme al disparate siempre ha sido algo muy elaborado, algo que no tenía sentido, hasta que pude mejorar mis perspectivas y mis técnicas para enfrentarme al balance decimal que impedía mirar el mundo a través del prisma.

 

El espacio abierto, la curiosidad encendida, la respiración profunda, las matemáticas sentidas y el sentimiento razonado, la cotidianeidad gobernada, la apertura generosa ante la exploración, lo lento y cotidiano solamente son espacios donde me siento a contemplar la belleza del momento, el instante que nutre, me detengo a sentir como la sustancia me empapa y como engrasa mis pensamientos aligerando mis paradigmas que no me permitían seguir aprendiendo.

 

 

Ser un virus dentro del sistema es más contundente que parar el tráfico.

 

Con ideas no se vencen los escudos y balas de la represión.

 

No hay idea que sobreviva a la incongruencia.

 

Sigo siendo Vagabundo siempre de paso, pero ya no huyo, solo viajo.

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